1. Las personas libro constituimos
una extravagante minoría que, aunque parece clamar en el desierto, quizá pueda
ser de alguna utilidad al mundo. No estamos seguras de nada, excepto de que los
libros que amamos están bien archivados tras nuestra mirada tranquila, y de que
queremos darlos a conocer a otras personas sin imponerlos.
2. Nunca olvidamos que no somos
superiores a nadie por el hecho de llevar un libro dentro de nuestras cabezas
(y nuestros corazones), porque solo somos sobrecubiertas para protegerlo, sin
valor intrínseco alguno. Somos vagabundos por fuera y bibliotecas por dentro.
Nos sentimos bien al hacer lo que hacemos y nos alegramos de que haya otras
personas que también lo hacen.
3. Nuestro proyecto confía en las
personas cuando eligen un texto confiando en sí mismas, para hacerlo público.
Cada vez que narramos, las personas libro hacemos que las palabras tengan más
valor en la vida comunitaria frente a la violencia y otros gestos de poder.
Esto es así porque mostramos públicamente palabras que tienen que ver con
nuestro deseo más íntimo, porque buscamos palabras precisas y bellas para
encontrarnos sin tener que competir. En nuestra vital biblioteca itinerante hay
cabida para todos los libros y personas.
4. El Proyecto Fahrenheit 451 busca
crear un vínculo entre todas las personas libro, crear una organización para
resistir frente a la tendencia real, la “dictadura” que, si no prohíbe, sí
impide de hecho que leamos bien los libros y la vida, que pensemos, que
hablemos entre nosotras de algo diferente y de manera diferente. Busca crear un
vínculo con la realidad, pero desde el deseo. Crearlo y recrearlo. El nuestro
es un movimiento de la ciudadanía para la ciudad, que se mueve libremente.
5. Sabemos que compartir tiempo y
palabras de manera vinculada es algo bueno que podemos hacer sin depender de
nada ni de nadie. Desde nuestras manos y nuestras ideas. Desde nuestro propio
criterio, que también es el de muchas más personas. Eso hace que no nos
sintamos tan solas, que apreciemos la fuerza de la compañía, que la
disfrutemos. Creemos que compartir la alegría es absolutamente superior a
compartir el sufrimiento.
6. Que nadie piense que se exige la
heroicidad de aprenderse un libro entero como en la ficción de Fahrenheit 451, pero por qué no soñar con muchos y
variados encuentros de capítulos o de fragmentos de capítulos con estrofas,
versos, párrafos, palabras… Lo importante es la actitud, nunca lo heroico. Y es
que no hay para la belleza más origen que la herida, porque la verdad vive en
los fragmentos, en lo incompleto, y las personas, como las palabras, siempre
somos así.
7. Las personas libro narramos
mirando y respirando lo que decimos, a quién lo decimos y cómo lo decimos. La
base de nuestras narraciones es la mirada de quien habla. La mirada que siempre
busca: algo, a alguien… La mirada que respira y narra, que muestra más que
dice. La mirada que hace que las personas que escuchan existan de verdad junto
a la persona libro, que sabrá dosificar sus palabras porque conocerá el valor
del silencio.
8. Las personas libro hablamos “a lo
llano, a lo liso, a lo no intrincado” (don Quijote dixit). Lo hacemos con sosiego, sin artificios, con
naturalidad, con gozo, sin colonizar las palabras, ni con ellas a las personas,
sin jactarnos de lo que hacemos. La piedra angular de nuestra narración está en
la búsqueda de la palabra verdadera sin opacidad y sin sombra, dada y recibida
en el mismo instante de hablar.
9. Las personas libro sabemos que
las palabras poseen un color, un sabor, una textura, una fragancia o un aroma.
Lo buscamos y disfrutamos con sencillez de ello.
10. Esta manera de defender los
libros es un gesto de reconocimiento del error que supone la destrucción de las
bibliotecas, ya sea la de don Quijote o la de Sarajevo, Bagdad… porque quien
quema libros termina tarde o temprano por matar personas.

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