1. Las personas libro constituimos
una extravagante minoría que, aunque parece clamar en el desierto, quizá pueda
ser de alguna utilidad al mundo. No estamos seguras de nada, excepto de que los
libros que amamos están bien archivados tras nuestra mirada tranquila, y de que
queremos darlos a conocer a otras personas sin imponerlos.
2. Nunca olvidamos que no somos
superiores a nadie por el hecho de llevar un libro dentro de nuestras cabezas
(y nuestros corazones), porque solo somos sobrecubiertas para protegerlo, sin
valor intrínseco alguno. Somos vagabundos por fuera y bibliotecas por dentro.
Nos sentimos bien al hacer lo que hacemos y nos alegramos de que haya otras
personas que también lo hacen.
3. Nuestro proyecto confía en las
personas cuando eligen un texto confiando en sí mismas, para hacerlo público.
Cada vez que narramos, las personas libro hacemos que las palabras tengan más
valor en la vida comunitaria frente a la violencia y otros gestos de poder.
Esto es así porque mostramos públicamente palabras que tienen que ver con
nuestro deseo más íntimo, porque buscamos palabras precisas y bellas para
encontrarnos sin tener que competir. En nuestra vital biblioteca itinerante hay
cabida para todos los libros y personas.

